Messi, Cristiano, Mbappé y James son oro puro para los coleccionistas. Pero detrás de cada lámina hay un hombre que lleva más de tres décadas sobreviviendo gracias a la pasión mundialista.
César Montoya es un vendedor y coleccionista de álbumes mundialistas que desde 1990 convirtió su pasión por el fútbol en una forma de vida. Entre sobres y figuritas, ha acompañado durante más de tres décadas la emoción de cada Copa del Mundo, conservando álbumes que para él representan recuerdos y momentos históricos del deporte.
Su amor por el fútbol nació desde niño, cuando jugaba con pelotas hechas de trapo y soñaba con las grandes figuras de los mundiales. Con el paso del tiempo, comenzó a vender láminas Panini y a seguir de cerca cada torneo, recordando generaciones inolvidables como la de Higuita y Valderrama, así como momentos dolorosos como el Mundial de Estados Unidos 94 y la muerte de Andrés Escobar.
La vida también le ha exigido luchar fuera de las canchas. Durante años trabajó en restaurantes preparando alimentos típicos y, después de la pandemia, tuvo que reinventarse como domiciliario y ayudante en un taller de herramientas para sobrevivir. Sin embargo, nunca abandonó las figuras, que cada cuatro años vuelven a convertirse en parte fundamental de su sustento económico.
Hoy, César no solo vende álbumes: también conserva historias y nostalgias que unen generaciones. Muchos de sus clientes regresan después de años acompañados de sus hijos, recordando que alguna vez fueron llevados por sus padres a comprar figuritas. Para él, cada mundial representa mucho más que fútbol: es memoria, tradición y una pasión que sigue viva con el paso del tiempo.











