Colombia volvió a ilusionar a todo un país con su fútbol, pero nuevamente le faltó la precisión y la jerarquía que exigen las instancias definitivas de un mundial.
Si bien el fútbol que mostraron los pupilos del profe Nestor Lorenzo, fue practico y propositivo en los cuatro partidos anteriores a este, tanto con Uzbekistán, Congo, Portugal y Ghana, esta que era una “final adelantada” requeria de mucho más que un fútbol practico y propositivo, se requería más agresividad, más contundencia y sobre todo definición en los tiros del punto penal.
Ahora bien entramos a analizar lo que se vió en este encuentro entre Colombia y Suiza, entendiendo que este partido fue por mucho el más parejo que jugó la Selección Colombia en la Copa del Mundo, contra Suiza, se tuvo que ir al tiempo extra y luego a la definición desde los once pasos, donde la historia acabó 4-3 a favor de los europeos. Como en Rusia 2018, nos quedó el Cristo de espaldas.
La opción más clara llegó a los 20 minutos, un gran robo de Arias que acabó en Puerta y después un hermoso remate del novato para el estirón impresionante del portero Suizo
Pero sabían los de amarillo que enfrenarían a un rival de otra calidad, más allá de la ausencia de su figura, Manzambi. Iban a salir en velocidad por las bandas, iban a tratar de superar a Puerta en el duelo directo para proyectarse en campo libre, iban a reventarle las manos a Camilo Vargas en pelotas cruzadas. Tal cual lo cumplieron.
Fueron 5 intentos de Colombia pero solo 1 al arco, mientras que el rival hizo dos, ambos al arco, resumen claro de un primero tiempo en el que James, Arias y Díaz lucieron más imprecisos que de costumbre, bien controlados todos por una marca escalonada de SUiza, de la que solo Arias pudo salir eventualmente, aunque tuv mucho trabajo en marca.
Los segundos 45 minutos fueron un poco el mismo tema del arranque pero con un detalle en contra de la intención suramericana: con la pelota se proyectaba Díaz tratando de rebelarse sin mucho éxito, James sumaba un compromiso más sin goles ni asistencias y Suárez rebotaba contra el muro rojo, ganándose además una tonta amarilla por obstaculizar al arquero.
¿Qué pasó en los penales?
Los eternos pasos del punto blanco al arco los caminó Juan Fernando Quintero con una calma entre increíble y admirable para definir al medio, sin duda, sin asomo de nerviosismo.
Pero fue Xhaka, una de las figuras de la cancha, y aunque le adivinó Camilo Vargas y voló al palo correcto, no pasó de aañar el balón sin rechazarlo. 1-1 la cuenta. Corazón en la mano.
Turno para Dávinson Sánchez, el segundo valiente que, por esa intención de asegurar la pelota arriba, le entró tan fuerte que la estrelló en el travesaño. Con nostalgia miraba al juez por si consultaba su reloj y encontraba el milagro, pero la pelota no entró.
Andauni fue a su turno con esa certeza de quien no tiene nada que perder, esperó a que se jugara Vargas y le pateó a la esquina contraria. El grito de Sánchez, de pura frustración, inundaba la cancha.
Pero fue Jaminton Campaz al cobro, le adivinó Cobel, solo que esta vez le puso la dosis correcta de potencia para el 2-2.
Y entonces el alma al cuerpo de los de amarillo: Akanji pateó muy por debajo la pelota (como buen zaguero central) y desperdició su cobro, pero era turno para Colombia de adelantarse y falló Juan Camilo Hernández en un momento definitivo. Una pena.
Porque cuando Itten se paró ante la pelota fue tan preciso que adelantó a los suyos y le metió presión a Díaz, quien anotó (sin ser especialista) y le pasó la posta a Vargas.
Fue entonces cuando la historia se cerró: Vargas vs Vargas y ganó el suizo. Adiós Copa Mundo, hasta aquí una era para muchos referentes de la denominada “nueva época de oro” de la Selección Colombia, lo que queda es regresar a casa y que el incierto futuro se vaya develando para los integrantes del equipo amado a lo largo de un nuevo proyecto a mediano y largo plazo y que esta relación “tóxica” entre la Selección y su hinchada que siempre ilusiona a esta última, no se quebrante ni tenga un fin, por el contrario que para el 2027 se renueve esa “Fé intacta” en nuestra selección nacional.







