Luis Eduardo Guayara aseguró que la intensa sequía provocada por el fenómeno de El Niño acabó con sus cultivos. Con una inversión millonaria y deudas que hoy no sabe cómo pagar, el productor describió un panorama desesperanzador para cientos de familias campesinas afectadas por la falta de lluvias.
La fuerte sequía que golpea al municipio de Valle de San Juan continúa dejando pérdidas devastadoras entre los productores agrícolas. Uno de los testimonios más impactantes es el de Luis Eduardo Guayara, agricultor dedicado al cultivo de maíz, quien aseguró que prácticamente toda su producción se perdió por la falta de lluvias derivada del fenómeno de El Niño.
Según relató el campesino, las plantas no alcanzaron el crecimiento necesario y comenzaron a secarse antes de producir adecuadamente.
“Este cultivo tenía que estar entre dos metros y dos metros veinte de alto y no tiene ni 40 centímetros. Ya hizo su ciclo y se está muriendo así biche, no echó la mazorca que tenía que echar. Ya se perdió todo”, expresó con preocupación.
El agricultor explicó que cada lote sembrado representa inversiones que oscilan entre los ocho y nueve millones de pesos, recursos que en muchos casos fueron adquiridos mediante créditos o deudas con casas comerciales dedicadas a la venta de insumos agrícolas.
Guayara indicó que actualmente cultiva cerca de 260 hectáreas y reconoció que aún no se atreve a calcular el total de las pérdidas económicas.
“No me he atrevido a hacer la cuenta de lo que estoy debiendo para no estresarme. Eso lo mata a uno”, afirmó.
El productor hizo un llamado urgente al Gobierno Nacional y Departamental para que se implementen ayudas reales que permitan aliviar las deudas adquiridas por los agricultores con proveedores de agroinsumos y entidades comerciales.
“Todos quedamos debiéndole a las casas comerciales, a los de abonos y agro. Que el Gobierno nos ayudara al menos a cancelar esas carteras, porque decirnos que paguemos intereses no sirve si no tenemos de dónde sacar plata”, manifestó.
La crisis económica ya empieza a generar graves consecuencias emocionales y sociales entre las familias campesinas del municipio.
“La situación mía económicamente está re mal. Nunca en la vida había estado tan mal económicamente. Uno piensa muchas cosas porque ya no tiene ni cómo invitar a la familia a almorzar”, concluyó el agricultor











