La mandataria seccional estuvo a punto de romper en llanto. Ocurrió durante el acto de instalación del Foro Económico para mujeres en el centro de convenciones Alfonso Lopez Pumarejo. Recién comenzaba su discurso cuando la voz se le cortó y tuvo que hacer un alto para recuperarse.
Aunque le hablaba a centenares de mujeres, sus primeras palabras parecían un grito en medio de la soledad y las angustias que genera el poder. No es fácil, expresó. “En nuestras luchas nos llaman intensas, incómodas, exageradas. Recibimos descalificaciones indebidas, palabras que hieren en lo profundo del ser y que intentan disminuirnos”, dijo con un tono sereno pero que evidenciaba el dolor de quien lleva el peso del liderazgo que genera enemigos, muchos de ellos gratuitos.
A pesar de haberse convertido en la voz de muchos de sus colegas, Adriana Magali Matiz ha cargado con el peso del descontento en las regiones, lo que la alejó del gobierno nacional, que no supo aprovechar su liderazgo entre los gobernadores. Por el contrario, ha sido blanco de ataques del propio presidente de la República. Y a pesar de haber recibido la solidaridad de muchos sectores, en su propio partido han guardado silencio de manera recurrente. De este tema ya se había ocupado La Voz del Pueblo en un artículo del periodista Hernando Ortiz.
Son muchos los gobernantes que se han referido a ‘la soledad del poder’ y en una sociedad machista como la nuestra es claro que a las mujeres se les hace más difícil la tarea de gobernar. Ahora bien, no podemos caer en el error de confundir el sentimiento con la debilidad. De hecho, Matiz ha demostrado todo lo contrario al convertirse en la voz crítica frente a temas tan delicados como la inseguridad, las fallas en el sistema de salud y hasta la violencia de género, perfilándola como una figura en el panorama nacional. Pero quizá eso es lo que molesta y por lo que la seguirán atacando.











