El sacerdote Gilberto José Alberto Galeano Rodríguez falleció en Ibagué y su hermano, Hernando Galeano, recordó su trayectoria dentro de la Iglesia Católica y su trabajo en distintas comunidades de la capital tolimense y otros municipios del departamento.
Según relató, la vocación religiosa de Galeano comenzó desde temprana edad en la parroquia San Juan Bautista del barrio Jordán, donde inició como acólito bajo la orientación de Eccelino Díaz Arenas. Posteriormente ingresó al seminario menor y continuó su formación en el seminario mayor de Garzón, para completar sus estudios de teología en Ibagué.
Fue ordenado sacerdote el 3 de junio de 1993 por Juan Francisco Sarasti. Durante su ministerio prestó servicio en parroquias como Espíritu Santo, Sagrada Familia, Perpetuo Socorro de Anzoátegui, Santa Teresita de Jesús y, desde 2020, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús del barrio La Feria.
Hernando Galeano señaló que uno de los aspectos más importantes de la labor de su hermano fue el acompañamiento a jóvenes de la Arquidiócesis de Ibagué, además de su cercanía con las comunidades rurales durante su permanencia en Anzoátegui.
Además de su labor pastoral, el sacerdote se desempeñó como docente en diferentes instituciones educativas y en la Universidad del Tolima. También mantuvo una relación cercana con el deporte regional, especialmente con el equipo Deportes Tolima, del cual fue capellán durante varios años.
El hermano del sacerdote recordó que en medio de este trasegar, “desde mi corazón donde lo acompañé 31 años seguía sus pasos, mantenía con él y conozco muy bien su recorrido vocacional, su recorrido como formador, como docente, su recorrido como amigo, como compañero de trabajo y como un hermano excepcional”.
En cuanto a qué va a extrañar de su hermano, aseguró: “Todo. Yo creo que todo. Su entrega por las comunidades donde estuvo. Su dedicación a la educación. Se entregaba, era apasionado, estudiaba a diario, se preparaba a diario. Puedo decir bibliotecas llenas de de libros, todo para formar a los jóvenes, para formar a los adolescentes y para formar a esa comunidad estudiantil que tanto lo necesita. Yo creo que no puedo dejar nada de extrañar de él”.
Agregó: “Todo, un amigo, un hermano con esa formación también que me dio espiritualmente. Con esa parte que él para él era fundamental su familia, sus hermanas, sus sobrinos y todo el entorno que vivía al pie de él”.
Su hermano destacó igualmente el respaldo recibido por parte de las comunidades donde ejerció su ministerio, así como las manifestaciones de solidaridad expresadas por sacerdotes, fieles e instituciones tras conocerse su fallecimiento.
Gilberto Galeano tenía 59 años y estaba próximo a cumplir 60. Su familia agradeció las muestras de acompañamiento y las oraciones recibidas desde distintos sectores de la región.











