Las bóvedas están llenas y todas las tumbas en tierra están en uso. No cabe un muerto más en el cementerio
Los habitantes de Rio Blanco se quedaron sin donde enterrar y llorar a sus muertos. La situación es tan grave que tuvieron que empezar a buscar cementerios rurales y otras familias decidieron acudir a los campos santos de otros municipios. Hasta en Girardot han tenido que ir para dejar en su última morada a sus seres queridos.
“Un pueblo sin cementerio es como un pueblo fantasma, sin arraigo”, dijo un habitante consultado por La Voz del Pueblo. Otro atinó a decir que cuando muera quiere que lo sepulten en el cementerio de su municipio, “así tengan que abrir la tumba de mi mamá y dejarme a su lado”.
La frase parece extraída de una novela de terror, pero describe muy bien lo que los habitantes del municipio están sintiendo. John Estiben Tapiero, propietario de una funeraria en el municipio expresó que «la situación la están viviendo hace aproximadamente cuatro meses. Ya no hay bóvedas y tampoco espacio en tierra, nos toca ir a las veredas y el problema es que allá tampoco nos quieren recibir los cuerpos».
John explica que es incómodo para las familias desplazarse y dejar su ser amado en un lugar extraño pues, ellos piensan en la dificultad que tendrían para visitar a sus parientes, además los habitantes de las veredas no quieren recibir muertos desconocidos, aunque parezca egoísta, solo quieren enterrar muertos propios.
«Hemos tratado de que, las familias cambien su pensamiento y lleven los cuerpos a cremación en Girardot , pero no hemos podido lograr eso» Añadió el Agente Fúnebre del municipio.
La Voz del Pueblo trató de hablar con el Párroco del lugar sin espacio mortuorio, pero no fue posible. Mientras tanto, en Rio Blanco dicen que da miedo morirse porque no saben dónde terminarán sepultados.











