El alto al fuego más largo en la historia del ELN terminó sin prórroga este sábado, dejando en el aire la continuidad del proceso de paz con el gobierno de Gustavo Petro. La ruptura plantea interrogantes sobre la efectividad de las treguas y el futuro de las negociaciones.
El cese al fuego entre el gobierno de Gustavo Petro y el ELN, que duró 360 días, llegó a su fin sin acuerdo de prórroga. Este alto al fuego, el más extenso en los 60 años de existencia de la guerrilla, finalizó este sábado sin que se lograra una extensión, a pesar de los esfuerzos de la Iglesia Católica y Naciones Unidas por mediar en la situación. La guerrilla condicionó la prórroga a ser retirada del listado de Grupos Armados Organizados (GAO), una demanda que el gobierno aún no ha respondido.
La ruptura del cese al fuego ha abierto la posibilidad de reanudar operaciones militares y de inteligencia contra el ELN. Este desenlace se produce en medio de críticas y cuestionamientos sobre la estrategia de paz del gobierno, que ha priorizado las treguas como eje central del proceso. La investigadora Laura Bonilla de la Fundación Paz y Reconciliación señaló que esta focalización ha complicado las negociaciones, mientras que los ciclos de diálogo se han visto congelados desde febrero debido a la crisis.
Con la terminación del cese, se teme un aumento en la violencia en regiones conflictivas como el Catatumbo, Arauca y Chocó. Observadores y defensores de derechos humanos, como el obispo del Chocó Mario de Jesús Álvarez, han hecho un llamado urgente para extender la tregua y evitar que las comunidades vuelvan a ser víctimas del conflicto armado. Mientras tanto, la comunidad internacional y la sociedad civil esperan acciones concretas que demuestren la voluntad de paz por parte de todas las partes involucradas.











