La pareja sobrevivió a la fuerza del agua que destruyó su vivienda cerca de Villa Restrepo. Hoy, enfrentan el desafío de comenzar de nuevo y piden ayuda para reconstruir su hogar.
La casa era de madera, su refugio. Allí estaban sus pertenencias, sus recuerdos y la vida que habían construido juntos. Pero en cuestión de instantes, el agua lo cambió todo.Todo parecía que fuera a ser un día normal. El reloj marcaba las dos de la tarde cuando una creciente irrumpió con fuerza en la vivienda.
Simón Saldaña, de 64 años, y su esposa, Cecilia, de 56, estaban dentro de su vivienda, en el Cañón del Combeima, cerca de Villa Restrepo, cuando la creciente irrumpió con una fuerza que no les dio tiempo de comprender lo que estaba sucediendo. El ruido del agua, el temor y la impotencia se apoderaron de aquel momento en el que su hogar comenzó a desaparecer ante sus ojos.
“Escuché un sonido durísimo. No era el río, era una quebrada. Cuando me asomé, vi árboles que taparon la quebrada. Fui donde estaba mi esposo para avisarle, pero no había llegado cuando sentí que el primer piso se fue abajo. Nosotros nos abrazamos”, relató Cecilia, al recordar los instantes en que la creciente destruyó su vivienda.
En medio de la emergencia, cuando la estructura cedía y la corriente arrasaba con todo a su paso, la pareja encontró refugio en un abrazo. Simón y Cecilia se aferraron el uno al otro mientras la casa se desmoronaba. Por unos instantes, en medio del caos, lo único que importaba era salir con vida.
Y lo consiguieron.
Ninguno sufrió heridas de gravedad. Sin embargo, sobrevivir fue apenas el comienzo de una realidad dolorosa: su vivienda quedó destruida y con ella se fueron las pertenencias que hacían parte de su cotidianidad.
Entre los recuerdos de aquella jornada quedó una preocupación que sigue acompañando a la pareja: su gata desapareció durante la emergencia.
Su perrita, por fortuna, fue encontrada. Pero la ausencia de la gata se suma a la incertidumbre de una familia que todavía intenta asimilar lo ocurrido y entender cómo reconstruir lo que la creciente les arrebató.
Porque perder una casa no significa solamente quedarse sin techo. También es perder objetos cargados de historia, rincones familiares y la tranquilidad de tener un lugar al cual regresar.
Ahora, Simón y Cecilia deben pensar en el día siguiente sin contar con el hogar que tenían antes de la emergencia.
En medio de las dificultades, la comunidad religiosa a la que pertenece Simón se convirtió en un canal para buscar ayuda.
Abdón Mejía, pastor de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, explicó que el hombre es miembro de esa congregación y compartió un número telefónico para que las personas interesadas puedan conocer cómo apoyar a la pareja.
“Agradecidos con Dios porque en medio de toda esta emergencia Dios les preservó la vida”, manifestó el pastor.
Quienes deseen contribuir pueden comunicarse al 322 609 2954 para coordinar la entrega de ayudas destinadas a la familia.
La necesidad es concreta: recuperar parte de lo perdido y encontrar una manera de empezar de nuevo después de una tragedia que dejó su vivienda reducida a escombros.
Mientras tanto, en distintos puntos del Cañón del Combeima continúan las labores de remoción de material, recuperación de pertenencias y atención de las afectaciones ocasionadas por la creciente. También avanzan los trabajos para restablecer la movilidad por la vía que comunica a Ibagué con Villa Restrepo.
Para Simón y Cecilia, el día de la emergencia quedará marcado por la destrucción de su casa, pero también por el instante en que, en medio del miedo, lograron salir con vida.
Hoy, cuando ya no tienen el mismo techo bajo el cual compartían sus días, la solidaridad puede convertirse en una oportunidad para recuperar algo de lo perdido.
La creciente se llevó su vivienda y sus pertenencias. La incertidumbre continúa y todavía falta encontrar a su gata. Pero hay una posibilidad que permanece abierta: que las manos de quienes decidan ayudar les permitan comenzar a reconstruir su hogar.
Esta vez, ladrillo a ladrillo, recuerdo a recuerdo y con la esperanza de que, después de tanta pérdida, puedan volver a tener un lugar al cual llamar casa.










