La mujer fue contactada por Medicina Legal, donde le dicen que su esposo tenía el 70% del cuerpo y heridas propinadas con arma blanca, y fue hallado el miércoles 16 de julio en el Parque de La Paz en la calle 19 con avenida Guabinal. Asegura que a pesar de su condición, el hombre se contactaba con la familia y los visitaba en Bogotá.
Luego de una semana de conocerse del hallazgo de un cuerpo con heridas propinadas con arma blanca, envuelto en una fibra con rastros de incineramiento, en un ‘cambuche’ en el Parque de La Paz, la esposa del hombre, Rosy Amadely Cetina Páez, viajó desde de Bogotá para reclamar su cuerpo y habló con La Voz del Pueblo.
La mujer contó que el nombre de su esposo era Carlos Alberto Ramírez Arroyave, llevaba dos años viviendo en condición de calle en Ibagué, había caído en las drogas y trabajaba en la Plaza de La 21, donde era querido y reconocido. Además, que de manera constante se contactaba con ella y sus dos hijos.

Con profunda tristeza, asegura que, por cómo él era, no merecía morir de esa manera, “hacía daño a nadie. Él era un hombre trabajador. Si preguntan en la 21, él trabajaba, si averiguan con quién trabajó, hace poquito para lo de las fiestas de San Pedro, él estaba trabajando. Él se rebuscaba. Él no le hacía daño a nadie. Él no tenía por qué haber muerto de esta manera. No sé quién le hizo esto. Yo no sé por qué se lo hizo, si se lo hizo a una persona. Él no merecía esa muerte”.
Asimismo, le pidió a la Fiscalía: “Que Habrá una investigación, que la Fiscalía se comunique conmigo, porque yo no sé si hay investigación, si no la hay, si está activo, que fiscalía o que quien tiene el caso y la investigación de mi esposo. Y las personas que se que que que que hicieron esto paguen”
Añadió que el responsable o responsables de matar a su esposo, como lo califica de vil y macabro, paguen, y tiene la certeza que en el sitio hubo testigos, pues habían varios ‘cambuches’.
Rosy Amadeli Cetina, contó que recibió la notificación de Medicina Legal en la mañana del viernes 19 de julio, indicando que debía acudir a Ibagué con una funeraria para el retiro del cuerpo. Aclaró que no le permitieron verlo debido al estado en que fue encontrado.
Ramírez Arroyave tenía 48 años y era oriundo de Bogotá. Según su esposa, llevaba cerca de dos años en Ibagué y trabajaba en la plaza de mercado de la 21, donde realizaba oficios varios. Aunque en condición de calle y con problemas de consumo de sustancias, mantenía comunicación regular con su familia y había visitado Bogotá durante festividades recientes.
Cetina relató que el 15 de julio, al mediodía, su esposo se comunicó con su hijo para preguntar por su estado de salud, ya que ella se encontraba hospitalizada, y con esfuerzo les envió $20.000, dinero que ella indica fue mucho, para lo que él ganaba. Esa fue la última vez que supieron de él. El viernes siguiente fueron notificados de su fallecimiento.
Con profunda tristeza contó que su esposo hace dos años no volvió a su casa en Bogotá, volvió a saber de él, por medio de una amiga, quien le dijo que lo había visto en la Plaza de La 21. La Mujer como pudo viajó y llegó de noche a buscarlo en cercanías a la galería, donde lo encontró.
En esa oportunidad logró convencerlo de regresar a su casa en la capital del país, pero de allí regresó a Ibagué, pues, según le reveló, le gustaba vivir aquí, porque la droga es más barata. Añadió que él viajaba para fechas especiales, pasó las fiestas navideñas con ellos, incluso compartió en febrero su cumpleaños y se contactaba por medio de celulares de conocidos de la Plaza con sus seres queridos, algunos números eran recurrentes.
Ramírez Arroyave deja dos hijos y una familia en Bogotá que ha expresado su deseo de obtener respuestas sobre lo ocurrido. La familia no entregó datos sobre su residencia por razones de seguridad.











