El reportero gráfico contó la amarga experiencia luego de ser capturado en el país europeo, tras una gresca, la cual, dejó a un ciudadano polaco fallecido.
Edwin Salcedo, el fotógrafo ibaguereño habló con La Voz del Pueblo y relató su experiencia tras ser capturado en Polonia, señalado de participar en una riña que dejó un hombre muerto en ese país.
Salcedo recordó que todo inició el pasado 6 de julio cuando estaba en un vehículo rojo, dormido, mientras otros compatriotas estaban involucrados en una pelea, en la cual, falleció un ciudadano polaco, y precisó que no participó en los hechos y que las grabaciones de seguridad sirvieron como prueba para que el 22 de agosto recobrara en libertad.
“Ese día, la verdad, nosotros empezamos, habíamos hecho un paseo en un río. Habíamos como unos 10 colombianos, ya me había ido para la casa y estaba durmiendo. Y los otros se fueron para un restaurante que por la noche es una discoteca. Ya estaban tomados y yo llegué a ellos y me llegaron a la habitación donde yo vivía, un hotel. Era más o menos las 10:30 de la noche, casi las 11:00, cuando me llamó un compañero, pero ya cuando me llamó estaba dentro del hotel y me dijo, «Compañerito, vamos a la discoteca que allá están todos los compañeros y vamos a pasar, nos tomamos una o dos cervezas y la pasamos agradable, charlamos, porque qué hacemos acá siempre encerrados de que llegamos era solo a encierro y trabajo”, contó Edwin.
Recordó que no quería ir, pero decidió ir con sus compatriotas al restaurante, “resulta que yo estaba maluco ya, entonces creo que habían otros compañeros allá. Me tomé una cerveza y después me sentí maluco y yo me subí dentro del carro de un compañero que tenía un carro afuera, un carro rojito donde sale el video. Ya después yo no me di cuenta de nada cuando desperté, vi por ahí un poco la riña que había, pero yo igual manera, seguí durmiendo”.
Enfatizó Edwin: “Cuando se subieron ellos y me dijeron que nos fuéramos para la casa, de igual manera yo no estaba consciente, pues no había visto, no sabía que había un muerto, no sabía que habían heridos y Nos fuimos para la casa, llegando a la casa, nos alcanzó la patrulla, fue cuando nos capturaron. Y de ahí comenzó el calvario, el calvario ese día 6 de julio hasta lo sucedido, hasta el hasta el 22 de agosto que fue que me dieron la libertad”.
Durante su detención permaneció en estaciones de Policía y después en una cárcel, donde, de acuerdo con su relato, sufrió incomunicación, dificultades para comunicarse por el idioma y malos tratos verbales. Aseguró que no tuvo contacto con su familia hasta el día de su liberación.
“Me trasladaron como a unas tres cuatro ciudades y pues haciendo como unos registros ya lo último como a los cuatro días. El maltrato verbalmente, la burla de las autoridades polacas, no todos, pero sí la mayoría te dicen cosas que no desagradables y eso es un maltrato psicológico prácticamente”, recordó el fotógrafo.
Enfatizó Salcedo: “prácticamente lo tratan a uno vulgarmente ‘echadándole a uno la la madre’, Pablo Escobar, cocanero, marihuano, este loco, colombiano loco. Narcotraficante, porque eso no lo bajan a uno de eso. Discriminación total. Sobre todo nosotros los latinos”.
Lo más duro para Edwin es que no se pudo comunicar con su familia: “Me dejan incomunicado totalmente, sin poder hacer una llamada, sin saber nada de mis hijos, nada de mi esposa, de nada de mi familia y pues, saber uno que está ahí sin poder hacer nada, impotente de todo, pedir que le hagan una llamada, tener que pagarla, pero no tener con qué”.

Sus días detenidos, oraba, lloraba, le pedía a Dios que le aclararan las cosas, reveló que no conciliaba el sueño. Todo fue muy duro. Dormía unos 10 minutos, además, se enfermó, pues sufrió el desgarro de una pierna, estuvo hospitalizado, le dio temblor en el cuerpo, anímicamente no estuvo bien.
En cuanto a la comida, refirió que, “el desayuno era un un agua con café, no tenía azúcar, un pan tajado y una tajada de salchichón. Ese era el desayuno. A las 6:00 de la mañana, a las 7:00 de la mañana. El almuerzo era una una aguasopa, por ahí dos cucharaditas de arroz y un pedacito de carne y ya. Hasta las 4:00 de la tarde era lo mismo, pan y agua”.
Durante esos días de encierro pensaba en su familia, en especial en su hijo, su esposa, si sabrían que estaba vivo, que quería comunicarse con ellos, y el pensar tanto, pensó en volverse loco, pues todo lo que llevaba, su celular y otros elementos se los habían quitado. Socializar era difícil porque no manejaba el idioma, el cual, le parecía difícil, y conoce palabras básicas, con las cuales, podía entablar una pequeña conversación.
Recordó también que, siempre se comunicó por medio de traductores, a veces a señas con sus compañeros, para él fue algo horrible esa experiencia, pues, lo hacían firmar documentos y no sabía con certeza qué estaba aprobando al estamparla. Y pese a su pedido de que le asignaran un traductor, esto nunca sucedió.
“La cuestión del idioma es muy difícil y a uno le hacen firmar muchas veces documentos, pero como uno no sabe, uno pregunta, pero ellos se burlan de uno y no le dan respuesta, pero uno sí tiene que firmarlo o si no, pues, se enojan y pues para uno no tener inconvenientes, entonces yo los firmaba, inclusive el día de la de la libertad firmé unos documentos a las 9:00 de la mañana, pero yo no sabía que era mi libertad”, dijo.
Precisó Edwin: “Cuando yo firmé el documento, yo le pregunté porque yo sé cómo se preguntaba y el guarda se burló de mí. Y el otro me dijo, «colombiano loco», fue lo que me contestaron. Entonces, me dirigieron a la celda, y pues, yo ahí estaba con tres polacos, y uno y ya ellos pues como me veían de pronto la situación, como yo estaba ahí anémicamente, enfermo yo ya tenía conocimiento y pues de pronto digo yo, me tuvieron como consideración. Y me dijo uno de ellos porque la palabra se va para la casa, allá se significa “dodomo”. Entonces me dijo, «Tú dodomo.» Entonces cuando me dijo así, yo me alegré”.
Añadió: “Entonces, dudé porque a mí nadie de la cárcel me dijo, «Se va para la casa, tiene la libertad.» Como de pronto una persona que hable español que le diga a uno le le traduzca. Entonces, pues yo dudaba. Cuando un un guardia volvió y dentro y uno de ellos le preguntó, hablaron en su idioma y me miraron, me felicitaron y me volvió y me dijo, «Tú, hoy Dodomo” Y yo desde las 9:00 de la mañana esperando si era verdad o era mentira o se estaban burlando de mí porque aún no lo sabe y me comenzó ya la tembladera en el cuerpo, no, me me descontrolé un poquito y como a la 1:00 de la tarde, entró el guardia y me dijo, «Tú, Dodomo.» Y recogí mis cosas e hice el proceso y como a las 2:15 de la tarde yo estuve afuera, me sacaron, empujado, me dejaron afuera, no sabía para dónde coger”.
Tras salir de prisión, explicó que recibió dinero limitado para transporte y logró contactar a compatriotas que lo ayudaron a comunicarse con sus familiares.
“Cuando salí, lo primero pues le di la gracia a Dios por la obra que hizo, porque yo sí nunca fallé en mi oración, pedí de que se hiciera justicia, que se aclararan las cosas. Porque yo sí estaba seguro de soy inocente. Salí y comencé a andar las calles y de pronto por ahí a las personas porque se ve muy poca gente en la calle y le pregunté a una muchacha a dónde quedaba un supermercado que ya se llama “Vie Bronca””.
Luego llegó a una estación de tren, desorientado, estuvo en una droguería, donde preguntó cómo llegar a la estación del tren, “resulta que me subí a esa ruta e iban tres colombianos. Pues directamente me dirigí a ellos y pues les dije que yo tenía un percance que si me podían regalar un una llamada, pero que yo no tenía dinero. Ellos me auxiliaron, me prestaron el móvil y pude llamar a mi hermana. Y ahí fue cuando volví a hablar con mi esposa, mi hijo acá presente y pues, o sea, para mí fue muy duro”.
Contó Edwin que pudo además contactarse con la coordinadora de la empresa donde laboraba en Polonia, con los 107 eslotis que le entregaron al salir de la cárcel, llegó a la ciudad de Grullones, donde vivía. La mujer lo recogió, y lo llevó hasta una casa de paso de la empresa, donde permaneció 18 días, vivió y comió con apoyo de sus compañeros, amigos de buen corazón, otros colombianos que lo apoyaron.
Finalmente regresó a Colombia, donde fue recibido por su esposa, hijos y hermanas, tras 15 horas de vuelo desde Varsovia a Bogotá. Lo primero que comió fue sancocho de gallina y feliz de volver a abrazar a sus familiares.
El caso generó cobertura mediática en Polonia y otros países y afirmó que fue señalado injustamente y pide que se tenga en cuenta la versión completa de lo ocurrido.











