Disney Olaya recordó entre lágrimas aquella celebración de Amor y Amistad que, sin saberlo, sería la última en la que estarían todos juntos.
Una familia trabajadora, unida y llena de sueños quedó marcada para siempre por la violencia en Planadas, Tolima. Cuatro de sus seres queridos murieron en medio de la tragedia que enluta al municipio, dejando un vacío imposible de llenar y a una pequeña de apenas siete años sin sus padres.
Con la voz quebrada por el dolor, Disney Olaya, familiar de las víctimas, relató el drama que hoy enfrenta su familia y recordó a quienes perdieron la vida en este hecho violento. Entre ellos está Joseph Yamit Sánchez Olaya, de 27 años, a quien describió como un joven decente, valiente y trabajador, que apenas dos meses antes había experimentado la felicidad de convertirse en padre. Según su familiar, murió abrazando y protegiendo a su pequeña hija en medio de los hechos.
También recordó a Juliana, su sobrina, y a Duber, su compañero sentimental, quienes llevaban varios años juntos, estudiaban Zootecnia y tenían grandes proyectos para su futuro. Su muerte dejó a una niña de siete años huérfana de padre y madre, una de las heridas más dolorosas que deja esta tragedia.
Disney contó que los encuentros familiares siempre habían sido motivo de alegría y unión. En septiembre realizaron su última reunión de Amor y Amistad, compartieron juegos, hicieron el tradicional amigo secreto y disfrutaron de momentos que hoy adquieren un significado desgarrador. «Siento que esa fecha fue como la despedida, porque ya no volveremos a estar completos», expresó.
Sobre lo ocurrido, explicó que sus familiares se encontraban compartiendo y jugando videojuegos cuando se desencadenó el violento episodio. Joseph, Duber, Juliana y sus seres queridos quedaron en medio de una tragedia que la familia califica como una masacre y que destruyó la tranquilidad de su hogar.
“Nos tocó afrontar una guerra que no nos corresponde”, manifestó Disney, al recordar que son una familia de campesinos, trabajadores, docentes y estudiantes, dedicada a sus labores y al servicio de la comunidad. Hoy, entre lágrimas, dolor e impotencia, hacen un llamado para que la violencia no siga arrebatándole la vida a personas inocentes.
Su mensaje también estuvo cargado de una petición de paz: no quieren responder con odio ni venganza, sino dejar la justicia en manos de Dios y pedir que Planadas pueda vivir sin miedo. “Es un pueblo trabajador que clama y quiere vivir en paz”, concluyó.










