El presidente Asociación Colombiana de Minería, Juan Camilo Nariño, entregó una radiografía de la extracción ilegal de hidrocarburos.
Una cifra estremecedora volvió a poner sobre la mesa la magnitud del problema minero en Colombia, en cifras conoció La Voz del Pueblo que entre el 75 % y el 80 % del oro que se produce en el país sería de origen ilegal, según un estudio reciente citado de la Contraloría.
El dato, por sí solo, revela una realidad alarmante, así lo expresó Juan Camilo Nariño, presidente Asociación Colombiana de Minería, donde señaló que buena parte de una de las mayores riquezas naturales de la Nación no está dejando beneficios al Estado ni a las comunidades, sino que estaría financiando redes criminales y profundizando la devastación ambiental.
La advertencia fue contundente: mientras el oro registra precios internacionales históricos y muchos países aprovechan esa bonanza para fortalecer sus finanzas, Colombia estaría dejando escapar miles de millones de pesos por falta de control y por el crecimiento desbordado de la minería ilícita.
Lejos de convertirse en regalías, inversión social o fortalecimiento fiscal, esos recursos terminan en manos de organizaciones ilegales que extraen el mineral sin licencias, sin control ambiental y con graves impactos sobre las fuentes hídricas y la vida de las poblaciones cercanas.
La denuncia no se quedó en lo económico. También se insistió en que la minería ilegal es hoy uno de los principales financiadores de estructuras armadas ilegales y de fenómenos criminales que afectan directamente la seguridad de los territorios. En otras palabras, el oro que sale por los ríos y las fronteras del país no solo representa una pérdida fiscal, sino una fuente de poder para quienes amenazan a las comunidades y al Estado.
A esto se suma un elemento preocupante, según expuso Nariño, la ilegalidad minera está operando prácticamente a la vista de todos.
“Desde sobrevuelos hasta recorridos terrestres, las huellas de devastación ambiental son evidentes en múltiples municipios, sin que hasta ahora exista una respuesta proporcional a la gravedad del problema”, puntualizó el directivo.
En regiones del país, las imágenes de retroexcavadoras, ríos contaminados, suelos devastados y entornos sociales fracturados ya son parte del paisaje cotidiano. Y, pese a ello, el fenómeno sigue avanzando. “Todo el mundo lo ve, pero nadie actúa”, fue una de las frases más fuertes con las que se resumió la sensación de impotencia frente a una actividad que sigue ganando terreno.











