Salieron huyendo de la guerra y llegaron a esta capital, pidiendo una oportunidad de trabajar, para poder llevar alimento digno a la mesa en esta época navideña.
Mientras por estos días los ibaguereños recorren las calles con el corre corre propio de la temporada para la compra de regalos, organizar la cena navideña o de fin de año, pasear con sus familiares de visita y demás, una familia nacida en Calamar – Guaviare, busca la manera de iniciar un nuevo capítulo de sus vidas lejos del temor y la zozobra de la guerra orquestada por las disidencias de las Farc, así lo relata Nelson Eduardo López.
Este hombre, formado en el trabajo de campo y cuya única arma empuñada en sus años de existencia es el amor por su familia y querer salir adelante, camina las calles de Ibagué, ante la mirada fría de quienes lo ven pasar como un completo extraño.
Llegó hace menos de una semana a esta ciudad, mes y medio después de darle sepultura a dos de sus hijas, asesinadas por órdenes de alias ‘Mordisco’ y ‘Calarcá’ al oponerse a ser reclutadas por las disidencias, mismas que en esta zona del país dominan más que el propio estado.
“A ellas las mataron a un kilómetro de la casa”, indicó Nelson, recordando cómo fueron sacadas, llevadas a una zona boscosa, desde donde escucharon varios disparos, la sentencia de muerte de sus niñas de 20 y 18 años de edad.
Con la fortaleza inquebrantable de su espíritu, relató cómo “una guerrillera de 17 años, con un fusil terciado, llegó y me dijo: “vaya recoja a sus retoñas que allá quedaron tiradas’”, una expresión más contundente y letal que el sonido de la guerra.
Don Nelson, dejó atrás el dolor, tomó camino y salió con rumbo incierto. Llegó a Villavicencio, conoció a una ibaguereña, quien le ayudó con los pasajes diciéndole: “No se quede aquí, vaya a Ibagué, allá la gente es colaboradora”.
Camina la capital del Tolima, con una nieta de dos años huérfana por culpa de la guerra y una esposa marcada por el asesinato de dos de sus cuatro hijas.
“Allá la ley es que quien tenga más de dos hijos, debe darles a ellos sí o sí uno para ser reclutados por las disidencias”, indicó Nelson.
Este campesino lleva a cuestas dos historias, una plasmada en sus manos, la de un hombre que conoce todos los secretos para producir frutos de la tierra, callosa y, como dirían las mamás, “pesada” por las experiencias forjadas a pulso; otra, la que cuentan sus palabras, contenidas en el baúl de los recuerdos, lugar que resguarda con total humildad los sentimientos encontrados de dolor, protegidos bajo la llave de un silencio voluntario.
Paso a paso solicita la ayuda de las personas; algunos le apoyan con alimento, poco pero digno para llevar a la mesa, sin más pago que un gracias y Dios lo bendiga, porque lo demás la guerra silenciosa se lo arrebató de las manos y el corazón.
Si usted desea apoyar a este hombre, lo puede hacer comunicándose al celular 3222424756.
Muchos que lean esta historia, lo harán en la comodidad de sus hogares, dentro de su carro o en compañía de alguna persona en una cafetería o de visita donde un amigo, disfrutando de la dicha, el calor, amor y la paz propia de la navidad, misma dicha, amor y paz que le fue arrebatada a nelson y su familia, para vivir una época en dolor, luto e incertidumbre en una “tierrita” lejos de su terruño.











