La época de navidad se convirtió en pesadilla para decenas de familias rurales en Falán ubicado al norte del departamento. Una cruel y coordinada ola de robos simultáneos ha sembrado miedo y desesperación en la zona rural de este municipio, dejando a la comunidad temblando ante la violencia que azota las veredas como un fantasma siniestro en plena temporada decembrina.
La tranquilidad que por años caracterizó a los pobladores fue vulnerada en las últimas horas, cuando en distintos puntos rurales se perpetraron dos atracos casi al mismo tiempo: uno en la vereda Piedecuesta, donde un grupo de delincuentes tendieron una trampa, golpearon brutalmente a la víctima y la dejaron atada antes de saquear la casa, y otro en La Guanabanera, donde al volver a su hogar, unos propietarios encontraron su casa violentada y sus pertenencias y armas desaparecidas sin dejar rastro. Los ladrones no solo hirieron físicamente, los amarraron casi al punto de reducirlos en el piso a las víctimas, y dejando en evidencia una organización criminal capaz de actuar en varios frentes al mismo tiempo, como si hubieran trazado un plan maestro para sembrar el caos en la región.
La Policía Nacional de Falán, presionada por la comunidad, llegó al lugar para iniciar las investigaciones correspondientes, pero las voces de alarma no cesan. Los habitantes reclaman más presencia de las autoridades ante el temor de que estos hechos no sean aislados, sino el preludio de una escalada delictiva que nadie sabe hasta dónde llegará. Y como si fuera poco, la falta de apoyo militar ha sido señalada por habitantes rurales como una de las principales causas que facilitó la operación de estas bandas, que ahora parecen moverse con audacia en pleno campo falanense, desafiando la seguridad y tranquilidad de los pobladores.
Las autoridades han emitido una alerta especial para quienes transitan por la vía Falán–San Felipe, recomendando evitar viajes nocturnos, pues este corredor se ha convertido en un objetivo recurrente para la delincuencia. La temporada decembrina que debería ser de fiesta y unión se ha convertido en un calvario para los habitantes rurales de Falán, quienes ahora ven con miedo cada sombra en la noche y cada vehículo sospechoso recorrer sus carreteras.











