La tensión diplomática entre Bogotá y Washington no para de crecer. Tras la revocatoria de la visa estadounidense al presidente Gustavo Petro, varios miembros de su gabinete decidieron dar un paso político y simbólico: renunciar a sus propios visados en solidaridad con el mandatario.
El primero en pronunciarse fue el ministro de Hacienda, Germán Ávila Plazas, quien a través de su cuenta en redes aseguró: “Para trabajar por nuestro pueblo no necesitamos visa”. A su decisión se sumó la canciller Rosa Villavicencio, quien calificó la medida de Estados Unidos como un “acto inaceptable contra la soberanía de Colombia”.
El caso también alcanzó al ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, a quien el gobierno de Donald Trump canceló tanto la visa diplomática como la de turismo. Con tono irónico, el funcionario reaccionó diciendo: “Gaza bien vale una visa”.
Por su parte, la superintendente de Industria y Comercio, Cielo Rusinque, anunció que entrega voluntariamente su visado, asegurando que se trata de un gesto de dignidad y acusando a Washington de actuar con un “afán de dominación planetaria”.
Con Petro, Ávila, Villavicencio, Palma y Rusinque fuera de la lista de autorizados para ingresar a Estados Unidos, la tensión bilateral dejó de ser un asunto personal del presidente y ahora toca directamente el corazón del gobierno.
Recordemos que el origen de esta crisis se dio el 26 de septiembre, cuando el Departamento de Estado revocó la visa de Petro tras sus declaraciones en Nueva York, en las que pidió a soldados estadounidenses “desobedecer la orden de Trump y obedecer la orden de la humanidad”.
En respuesta, el presidente convocó un nuevo plazoletazo en Ibagué para este 3 de octubre, bajo la consigna: “No necesito visa para ir a Ibagué. Con toda la fuerza del bunde tolimense, libertad y paz en Ibagué”.
Un episodio que marca un nuevo capítulo en la ya agitada relación entre Colombia y Estados Unidos.











