Fue trasladada a aislamiento y horas después fue encontrada sin vida.
La noche cayó sin aviso dentro del Complejo Carcelario de Jamundí. Entre rejas, pasillos cerrados y voces que se apagan con el paso de las horas, terminó la vida de Cristol Andrea Sánchez Uribe, una mujer oriunda de Ibagué que, días antes, aún hablaba, pedía atención y buscaba ser escuchada.
Todo comenzó el 12 de marzo de 2026, cuando una riña alteró la rutina en los pabellones 15A y 15B. El ruido, los gritos y el movimiento obligaron la intervención del Cuerpo de Reacción Inmediata.
En medio de ese momento, según lo que hoy se denuncia, Cristol Andrea quedó en medio de un procedimiento que marcaría sus últimas horas.
Dicen que pidió ayuda. Que buscó atención médica. Que habló antes de ser llevada a la Unidad de Tratamiento Especial, un lugar de aislamiento donde el tiempo transcurre distinto y donde las voces no siempre encuentran respuesta.
Pasaron los días.
El 15 de marzo, en ese mismo espacio cerrado, su vida se detuvo. Fue encontrada sin vida. Sin testigos directos que hablen con certeza de lo ocurrido en esos últimos minutos. Solo versiones, señalamientos y preguntas que siguen abiertas.
Afuera, lejos de los muros, queda Ibagué. La ciudad de donde era Cristol Andrea. Allá donde alguna vez tuvo una rutina distinta, donde su nombre no estaba ligado a un reporte ni a un expediente.
Hoy su historia se repite en voz baja, entre quienes piden claridad. Se habla de lo que ocurrió dentro del penal, de lo que se hizo y de lo que no se hizo. Se habla de una mujer que, según lo que se ha conocido, venía con problemas de salud y que terminó sola, en aislamiento.
Las autoridades aún no se han pronunciado. El silencio institucional contrasta con el eco de una muerte que ocurrió bajo custodia.
Y en medio de todo, queda una pregunta que no se apaga: qué pasó en esas horas finales dentro de la UTE.











