Una disputa estética, histórica y ética ha estallado en Ibagué por la reciente decisión de la Secretaría de Cultura Municipal de llevar la construcción de un monumento en homenaje al escritor Jorge Isaacs en el eje occidental del Parque de la Catedral, justo frente al Palacio Episcopal. Lo que prometía ser un gesto cultural conmovedor se ha convertido en foco de críticas, protestas y descontento por parte de los feligreses.
El punto escogido para la instalación de este monumento es de alto valor patrimonial y simbólico: confluyen allí la Catedral Metropolitana de Ibagué, el Palacio Episcopal y otros hitos del centro histórico. Sectores religiosos, defensores del patrimonio y ciudadanos comunes cuestionan esta decisión: ¿vale la pena sacrificar la armonía del paisaje urbano por un monumento que podría desentonar?
Mauricio Hernández Cala, secretario de Cultura de Ibagué, salió al paso de las críticas asegurando que este monumento “no va a desarmonizar el paisaje urbano ni afectar sus valores patrimoniales”, sino que representará un homenaje capaz de reforzar la identidad cultural y literaria de la ciudad. Según Hernández, aunque la ubicación original está frente al Palacio Episcopal, están evaluando bajarlo un poco para calmar los ánimos.
La ubicación de la estatua en pleno centro de la ciudad aviva el debate más cuando se recuerda la suerte del otro legado tangible del autor de María: la casa donde murió Jorge Isaacs, en el predio “La Meseta” vía al Cañón del Combeima zona rural de Ibagué. Esa casona, declarada Bien de Interés Cultural municipal desde 2008 y departamental desde 2011, está en grave deterioro estructural, y sin la intervención de las autoridades locales.
En diálogo con Félix María García párroco de la Catedral Metropolitana de Ibagué, manifestó su descontento con la realización de este monumento ya según él, no se llevó a cabo la socialización con ningún miembro de la comunidad episcopal ni feligreses, lo que genera una afectación visual en la facha principal de la Catedral de Ibagué.
Irónico contraste: monumento opulento vs monumento olvidado
Mientras algunos celebran la iniciativa del nuevo monumento como “un regalo para la ciudad”, otros la califican como doble engaño: por un lado, un gesto escultórico visible y opulento en plena zona céntrica de la ciudad; por otro, una joya patrimonial ubicada en el Cañón del Combeima, un bien tangible y con una historia única, que se encuentra abandonada y prácticamente en ruinas.
Ciudadanos advierten que dicho monumento no fue planeado ni llevado a cabo de manera técnica, y algunos se atreven a manifestar: “¿Para qué una estatua si la casa donde vivía, donde vivía sus últimos días, está cayéndose?”, preguntan algunos críticos. Otros alegan que ponerlo frente a un área tan sagrada sólo busca visibilidad de la administración municipal.











