Entre recuerdos de infancia y anécdotas imborrables, su amigo el concejal John Perilla revive la historia del oficial que pasó de travieso estudiante a símbolo de honor nacional.
Desde el municipio de Melgar no solo se llora la partida de un oficial, se despide a un amigo, a un compañero de infancia, a un hombre que creció entre juegos, sueños y vocación de servicio. El teniente coronel Juan Pablo Amador hoy es recordado con nostalgia por quienes compartieron con él desde niño, como el concejal John Anderson Perilla.
Entre anécdotas que hoy duelen y arrancan sonrisas, Perilla revive los años en el colegio Campestre, donde la amistad se forjó entre travesuras, peleas de niños y reconciliaciones inmediatas. “Con el mejor amigo era con el que más peleábamos”, recuerda, evocando aquel episodio en el que, en medio de una excursión al Parque Jaime Duque, una discusión terminó con un golpe que dejó marcado el rostro de Juan Pablo… y una historia imborrable en la memoria.
Hoy, esa misma escena ya no causa risa, sino un profundo vacío. Porque ese niño inquieto, ese amigo de colegio, se convirtió en un hombre que le sirvió a la patria, que vistió el uniforme con honor y que alcanzó uno de los rangos más importantes dentro de la Fuerza Aeroespacial Colombiana.
A pesar de que la vida los llevó por caminos distintos, nunca se perdió del todo el contacto. Hace apenas un año, Perilla tuvo la oportunidad de felicitarlo por su ascenso, recordando juntos las historias de infancia que hoy cobran un valor incalculable.
“Despedir a un amigo de la niñez es muy duro”, dice con la voz cargada de nostalgia. Y no es para menos. La tragedia aérea en Putumayo no solo apagó la vida de un oficial, sino que dejó un vacío en quienes lo vieron crecer, en su familia y en todo un municipio que hoy lo reconoce como un verdadero héroe.
Juan Pablo Amador no es solo una cifra más. Es el niño de la lonchera escondida, el amigo de las peleas y los abrazos, el hombre que decidió servirle a Colombia hasta el final.
Hoy Melgar lo despide con dolor… pero también con orgullo. Porque su historia, su entrega y su memoria vivirán por siempre en quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.











