Con un plantón frente a las abandonadas instalaciones de la institución, antiguos trabajadores alzaron su voz para visibilizar una problemática que continúa afectando a decenas de familias.
El martes 12 de octubre, extrabajadores de la Clínica Minerva de Ibagué se reunieron en un plantón a las afueras de las instalaciones, hoy abandonadas, para exigir una solución a la deuda de sus salarios y liquidaciones, una situación que, según manifestaron, los afecta desde hace más de 12 años.
Enfermeras, camilleros, auxiliares de enfermería y otros trabajadores que dedicaron años de servicio a la institución continúan a la espera de recibir el dinero que les corresponde. De acuerdo con los afectados, una única salida a esta problemática sería la compra de los bienes en el marco del proceso de remate de las instalaciones de la clínica.
Detrás de esta espera hay historias de trabajadores que recuerdan con tristeza los años que dedicaron a la institución y las dificultades que han tenido que afrontar desde su cierre.
Uno de ellos es don Miguel Toro, quien se desempeñó como camillero y hoy sigue esperando una respuesta. Al recordar su situación, expresó con evidente dolor: “Solo hace falta que me manden donde el psicólogo”. Además, al observar el estado actual de la clínica, agregó: “Dan ganas de llorar de cómo quedó la clínica”.
Otro caso es el de la señora Carmenza, quien trabajó durante 30 años como auxiliar de enfermería en la institución y, hasta el momento, asegura que no ha recibido su liquidación, pese a las décadas que dedicó al servicio de los pacientes.
La Clínica Minerva fue uno de los centros médicos más emblemáticos e históricos del Tolima. Durante más de 65 años prestó servicios de salud a la comunidad ibaguereña y a habitantes de diferentes municipios de la región, convirtiéndose en una institución recordada por generaciones.
Hoy, mientras sus instalaciones permanecen abandonadas, sus antiguos trabajadores continúan reclamando el reconocimiento de sus derechos laborales y una respuesta que les permita cerrar un capítulo que lleva más de una década sin resolverse.
El plantón se convirtió así en un llamado de atención sobre la situación de quienes dedicaron buena parte de su vida al servicio de la salud y que, después de tantos años, siguen esperando el pago de los recursos que reclaman.










